MATEMATES

21/06/2012

El Alcalde de Quintana

“¿Es aquella Quintana?”, pregunta el soldado Rebolledo, exhausto por el viaje emprendido camino de Portugal. “Dígalo su campanario”, le confirma su amada Chispa. Con estos versos comienza El alcalde de Quintana, obra dramática de Calderón de la Barca, una de las escasas manifestaciones literarias de interés del siglo XVII en nuestro país, y cuya representación anual cada primer fin de semana de junio engalana las calles y las gentes de la localidad que da nombre a la obra, Quintana de la Serena, como si 400 años hubieran pasado en balde.

El alcalde de Quintana es un drama de honor, un canto a la dignidad frente a los abusos sufridos por los más poderosos. En la actualidad, desde nuestra cómoda posición como primera potencia económica mundial, imponiendo nuestra lengua en todo el mundo, beneficiario de toda corriente de opinión que llega a latir, interpretamos el papel del capitán Don Álvaro de Ataide con cierto desdén.

La ucronía es un género literario que establece una historia alternativa y ficticia desarrollada a partir de un punto en el pasado en el que algún acontecimiento sucedió de forma diferente a como ocurrió realmente. No es el objetivo de estas líneas el esbozar una escena alternativa por cruda que sea la realidad presente, sin embargo, sí que puede resultar interesante descubrir qué lodos generaron los barros que tenemos. Quizás nos sorprenda.

Ese acontecimiento singular y relevante que determina la historia futura recibe el nombre de punto Jonbar. Esta denominación se debe a un personaje de un relato de Jack Williamson que crea dos mundos completamente diferentes al escoger un guijarro o un imán. La relevancia de la elección no es, ni por asomo, predecible en el momento en el que ésta se realiza pero las implicaciones futuras pueden ser dramáticas, huracanes provocados por simples aleteos de mariposas.

Desconozco si hay razón de peso alguna para que el dislate con el que comienzan estas líneas no haya podido ser realidad; Si Don Álvaro hubiera decidido descansar en Quintana, si el siglo de oro de las letras españolas no hubiera sido tal, si no se hubiese perdido Trafalgar o Cuba, si no se hubiera descubierto la máquina de vapor tan lejos o si nos hubiésemos encontrado un mar de petróleo bajo nuestros pies, nuestra realidad sería bien distinta a la que vivimos y, posiblemente, a la que imaginé anteriormente.

Relajémonos por un momento. Posiblemente no resulte práctico ni saludable el pensar en exceso cada mínima decisión intentando predecir unas implicaciones futuras que, muy posiblemente, no sean relevantes, pero sí ser conscientes del papel que juega el azar en nuestro día a día, la infinidad de procesos aleatorios con los que nos enfrentamos y que gobiernan la vida de cada individuo.

El biólogo y botánico escocés Robert Brown descubrió en 1827 el movimiento aparentemente aleatorio, sin patrón alguno, que describían algunas partículas microscópicas que se hallaban en un medio fluido. Este movimiento browniano, como pasó a llamarse técnicamente, recibe también el nombre más lúdico de andar del borracho por lo fortuito y errático del carácter de éste.

La explicación de este fenómeno, el descubrimiento del diablillo que guiaba cada traspié del borracho, fue elaborada por Albert Einstein en 1905. El movimiento aleatorio de estas partículas se debe a que su superficie es bombardeada incesantemente por las moléculas del fluido sometidas a una agitación térmica. El impacto de unos pocos átomos es incapaz de variar, aunque sea mínimamente, una partícula muchísimo más grande que éstos, sin embargo, una sucesión continua de impactos no del todo uniforme puede mostrar ligeras variaciones en la presión ejercida sobre los lados y así generar el movimiento observado.

¿Hasta qué punto podemos interpretar el andar del borracho como una metáfora de nuestro devenir? ¿Cuánto hay de talento, esfuerzo, tesón o destreza en cada uno de nuestros éxitos y cuánto de golpes de suerte o de inercias y rachas positivas que hemos aprovechado adecuadamente? ¿Qué hemos hecho mal para que fracasen nuestros proyectos? Un ingeniero recién salido de la universidad no tiene unas expectativas laborales acorde a su formación, ¿qué ha hecho mal? Lo único que podemos hacer para ser benefactores de la diosa Fortuna es llamarla, ofrecer nuestro esfuerzo y talento, pero el azar es caprichoso, en ocasiones ensalza a vagos y torpes, y la incertidumbre disfruta jugando con nosotros como si de títeres y marionetas se tratara, abriendo y cerrando puertas, rompiendo y creando sueños.

Imaginemos, por un momento, una figura idéntica a la que dibujan las moscas cuando vuelan, de aquí para allá, bruscamente dan media vuelta, de allá para aquí, un ángulo recto, una línea que sube o baja, del fondo al frente, hacia arriba, hacia abajo, espasmódicamente, frenando en seco y arrancando en el mismo instante en otra dirección, tejiendo un esbozo, una figura, algo inexistente, sin sentido.

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: